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DANZAS TIPICAS DE CHINA

Por: Isamar Moreno y Mayahuen

Los Ewenke
Danzas ewenkis

Originalmente, los ewenkis vivían en las áreas que se extienden del lago Baikal hasta la isla de Sajalín, hoy Rusia, y alrededor del siglo XVII se desplazaron a China. Aunque la mayoría de ellos habitan en los bosques de montaña, los otros viven en las praderas a los pies de montaña. Así, tienen dos modos de producción: la caza y el cultivo combinado con el pastoreo.
A los ewenkis les gusta cantar y bailar, ya vivan en la montaña o al pie de ésta. Con frecuencia cantan y bailan después del trabajo o en las fiestas para descansar o divertirse. Las mujeres ewenkis de las áreas agrícolas y ganaderas se recrean bailando la danza Nugaili. La guía de la danza toca el suelo con un talón y golpea la tierra con la planta del pie, mientras pisa el suelo sin cesar con el otro pie siguiendo el compás. En la danza la guía improvisa posturas que una tiene en la vida real. Por ejemplo, pone una mano en la frente a guisa de visera y la otra en la cintura y hacia atrás para “mirar lejos”, o brinca en cuclillas , o pone una mano abierta en la cintura y tira del lóbulo de la oreja con la otra y viceversa, haciendo como “arreglarse un anillo en la oreja”, y en eso las otras mujeres cantan e imitan sus acciones. Para resaltar la alegría y el ritmo, la guía conduce de vez en cuando a todas a lanzar gritos como “ajambay”, “dejuida” y “janda, janda”, de manera que la danza se torna más vigorosa y atractiva. Si alguna no puede seguir el ritmo acelerado e imitar las posturas difíciles y deserta del corro, se la castiga según la regla convenida.

La danza Hoguera es una danza recreativa de los ewenkis que viven en las montañas. Sin restricción del número de participantes, hombres y mujeres, de uno/una por en medio y formados en un círculo, bailan cantando alrededor de la fogata. Dicen que los pasos de esta danza eran muy variados en el pasado, pero ahora se han reducido a tres: lento, medio rápido y rápido. Todos andan despacio en el sentido del reloj y se tuercen hacia atrás, luego las mujeres apoyan sus brazos en las manos caídas de los hombres y éstos las llevan a girar en forma circular. Ahora la danza llega al clímax. Mientras el corro se vuelve más compacto, cada quien tira uno y el otro pie adelante por turno. Cuando tiran el pie derecho, mueven las manos unidas atrás y juntan las cabezas adelante; y cuando tiran el pie izquierdo, echan el cuerpo atrás y mueven adelante los brazos. Conforme se acelera el canto, los movimientos se tornan cada vez más difíciles y todo el mundo para cuando ya no puede continuar.

Los Qiang
La danza ritual “Kexigela”

En tiempos antiguos, la tribu nómada Diqiang, que vivía de la caza, se encontraba distribuida principalmente en las vastas zonas del Norte y Noroeste de China. Durante los 5.000 años de migración y traslado, esta tribu vivía siempre guerras, anexiones y desintegraciones e iba mezclándose e integrándose con otras tribus indígenas y regionales, por lo que actualmente más de la mitad de las etnias chinas cuenta con elementos de Qiang.
Los Qiang son generosos y amantes a la danza, la que se divide en dos tipos: el de ofrecimiento sacrificial y el de entretenimiento. Desde tiempos antiguos, los Qiang siempre han sido animistas y adoran a múltiples Dioses, creyendo que los espíritus de los muertos influyen de manera significativa en los seres vivos, por eso dan mucha importancia a los ritos funerales. La Danza de Armaduras que va a referirse abajo es de una danza ritual que se baila durante los funerales. Consiste en una actividad realizada antes de que los oficiales y soldados vayan a los campos de batalla o durante los funerales de ancianos de gran prestigio de las aldeas o de los héroes de la propia etnia. En el idioma Qiang, esta danza es denominada “Kexigela”
Según la costumbre Qiang, antes de empezar cualquier rito funeral o danza, se debe tomar el vino de cebada. Antes de bailar la Danza de Armaduras, en el centro de la plaza donde se celebrarán las actividades correspondientes, se colocan una gran vasija de vino y un gran cubo de madera lleno de agua hervida. Una vez preparado todo, el maestro encargado de las ceremonias, con cuchara de madera de larga manga a mano, pronuncia en voz alta unas palabras en el idioma Qiang. Entretanto, guerreros ancianos, con armaduras de cuero de buey y almetes de plumas de faisanes y crin de la cola de yac, mantienen en alto escopetas de pistón, sables y alabardas y esperan silenciosamente fuera de la plaza el inicio de la ceremonia. Al otro lado de la plaza, mujeres ancianas, vestidas de estilo tibetano, forman un grupo de coro ceremonial. En medio de un ambiente solemne, empiezan cantar melodioso y melancólicamente. Después, los guerreros entran en la plaza al compás del ritmo, dando inicio a la primera parte de la Danza de Armaduras. Dan vueltas lentamente alrededor de la plaza en pequeños pasos, agitando los sables y alabardas y disparando hacia el cielo y se paran después al lado de las mujeres cantantes en espera de la orden del maestro arriba mencionado para beber el vino de cebada.
En las tradiciones de Qiang, para tomar el vino de cebada se empieza por las mujeres de mayor edad y generación y, después las personas de las generaciones posteriores entran en la plaza para sorber el vino con una bombilla. Lo curioso es que después de cada sorbo, el maestro echa a la vasija agua hervida. Ello se debe a la razón de que la densidad del vino de cebada es mayor que el agua hervida, por lo que se puede controlar así el consumo del vino, manteniendo la cantidad y sin que sea afectada su densidad y, al mismo tiempo, hacer preparativos para una nueva fermentación.
Terminada la primera rueda de toma del vino, se inicia oficialmente la Danza de Armaduras. Con el acompañamiento de las canciones suaves de las mujeres, los guerreros vuelven a entrar y empiezan a dar vueltas lentamente por la plaza con sus sables y escopetas, disparando y gritando, con el fin de crear un ambiente severo y solemne para expulsar los espíritus malignos y espantar los demonios. Después de varias vueltas por la plaza, los guerreros cambian de formación y empiezan a luchar unos contra otros, escenificando una guerra entre guerreros antiguos y demostrando el espíritu de luchar por la etnia. La Danza de Armaduras, aunque sin muchas técnicas especiales, movimientos y escenas espléndidas, pone en manifiesto la solemne dinámica, el espíritu y la cultura ritual de una etnia antigua.
Al retirarse los guerreros, las mujeres siguen sus canciones serenas y suaves, agitando los brazos, dando vueltas, levantando las piernas y moviendo las caderas, con lo que la escena de lucha enconada pasa a un ambiente de consolación y pesar.

Los Han
Danzas populares de la etnia han, ricas y atractivas

Desde la antigüedad, sus danzas y cantos son abundantes y atractivos y nunca han dejado de desarrollarse. Hoy día, debido al alto ritmo de trabajo, el espacio de habitar estrecho, las relaciones interpersonales un tanto distanciadas y el acceso de la cultura extranjera y de la diversión de alta tecnología, muchos hans que viven en las ciudades han ido olvidando sus danzas, e incluso hay quienes no las conocen ni saben bailar. De ahí surge el malentendido de que la etnia han no tiene danzas propias. En realidad, sus danzas son muy ricas en contenido y poseen una gran variedad. Aun un mismo género puede ser distinto en estilo, forma y atuendo de región a región.
La Fiesta de la Primavera , que comienza por el Día de Año Nuevo lunar, es la más solemne y calurosa de la etnia han por tradición. Al llegar la nueva primavera y cuando todas las cosas ganan vida nueva, la gente se entrega por completo a las celebraciones, deseando cosechas abundantes y la prosperidad para ellos mismos y el ganado, y también es la única ocasión en el año en la que se divierten y se relajan por completo en lo físico y lo mental.
En las zonas hans, la Fiesta de la Primavera prácticamente dura desde finales del duodécimo mes lunar hasta el último día del primero. Como preparación, todo el mundo se atarea cosiendo ropa nueva, aseando la casa, arreglando ofrendas para las ceremonias y cocinando manjares, con la esperanza de que se cumplan sus deseos en el nuevo año. El primer mes lunar es una temporada muerta antes de la siembra. Las celebraciones empiezan el 3 del primer mes lunar en el sur y el 5 en el norte, por lo general alcanzan apogeo y terminan el día 15, que es la Fiesta de la Linterna. Pero en algunas zonas las familias se reúnen de nuevo en el hogar el 28.
La danza más conocida es la del “dragón de tela” o “dragón de color” colosal, de diez metros de largo y hecho con cintas de seda de color.
En la Danza del dragón, los hombres que sostienen el cuerpo del dragón con palos corren y se contornean para exhibir cómo el dragón se revuelca por el suelo, sacude la cola y se arrolla en una columna de jade. En la provincia de Zhejiang es popular el Dragón de cien hojas, danza en que un grupo de muchachas forman las escamas del dragón con las nubes y flores de loto de papel o seda en las manos y, bajo la guía de un hombre, se mueven con gracia cual si el dragón volara a través de las nubes. En las aldeas del sur de China, los campesinos atan paja de arroz para darle forma de dragón, le clavan encima varillas de incienso encendidas y bailan el Dragón de paja en la noche vieja. Así, en la oscuridad los espectadores admiran a un dragón de fuego volando con chispas. Los hans también bailan la danza Dragón de la tierra, transmitida de la dinastía Qing (1644-1911). Este dragón tiene patas y camina por el suelo y, con la cabeza alzada, vomita agua para anunciar buena lluvia en el nuevo año. Otra danza es el Dragón del banco, popular en las zonas al sur del río Amarillo. Es un dragón pequeño de fina confección y atado a un banco largo. Sus tres bailarines, sujetando cada uno una pata del banco, trotan y saltan dando vueltas al tañido retumbante de los gongs y tambores.

Los Dong
La danza con siringas de la etnia dong en Guangxi

Los dongs del distrito de Sanjiang de la prefectura de Liuzhou, Guangxi, acostumbran celebrar actividades de recreo grandes y variadas cada 3 del tercer mes del calendario lunar.
Desde la antigüedad, los dongs, viejos y niños, son hábiles en cantar y bailar y tienen el hábito de cantar en preguntas y respuestas y danzar para buscar novios. Entonan “cantos” de monofonía y “cantatas” de polifonía, así como “cantos del cierre del camino” para recibir a los invitados, “cantos de bodas” para el casamiento y “cantos con pipas (laúdes locales)”, éstos últimos sólo de los jóvenes. Y para nuestra sorpresa hasta riñen cantando también. Cuando los dongs cantan y bailan, la música de la siringa es imprescindible, de ahí que el canto, la danza y este instrumento formen parte indefectible de su vida cotidiana. Entre las danzas con siringas, de formas y contenidos variados, hay danzas para el conocimiento entre muchachos y muchachas y danzas difíciles y competitivas para los tocadores de siringa.


Anteriormente, la danza con siringas, el canto en dúo y la congregación de la aldea se efectuaban necesariamente delante de un lugar fijo, o sea, la torre del tambor. Todas las aldeas dongs en Guangxi y Guizhou tienen torres del tambor, altas, clásicas, de estructura de madera y con aspectos diferentes. Se parecen a pagodas búdicas, anchas en la base y reducidas en la parte superior. Constando de tres a 15 pisos, lucen aleros de cuatro, seis u ocho lados y se alzan en lo más alto del terreno de las aldeas. La torre del tambor de la aldea Mapang en el distrito de Sanjiang, fue levantada en los años 1920. Aunque es de un solo piso, goza de fama cerca y lejos por su aspecto cuadrado a guisa de salón monásticos y por sus aleros de nueve niveles. Este salón, que tiene cuatro columnas de dos brazadas de redondo y murales tradicionales en los tabiques de madera, constituye el orgullo de la arquitectura clásica de los dongs. La torre del tambor es el sitio de actividad pública y el centro de reuniones de la aldea. Cuando surge emergencia, el jefe, hombre respetado, toca el tambor colgado de la viga de la torre para llamar a los paisanos. Se lo toca también cuando viene un huésped distinguido, a fin de que la gente se reúna en su honor. El salón, cuyo suelo está cubierto de lajas, dispone de una lumbre en el centro, con bancos alrededor. Es aquí donde los aldeanos platican, hacen faenas, cantan, bailan, tocan siringas y actúan en espectáculos.

Los Wa
Danza con tambores de madera de la etnia va en homenaje a los dioses

Los vas, pertenecientes a la familia de lenguas bengalo-kmeres, habitan en su mayoría en Xinmeng, Cangyuan y Mengli de la sudoccidental provincia de Yunnan, y constituyen una etnia poco numerosa de China.
Sus antepasados eran una rama de los pus del sur del país. Los vas guardan lazos de sangre estrechos con las etnias blang y de’ang desde la antigüedad. Anteriormente tenían nombres diferentes: se llamaban vas en Zhenkang y Yongde; baraos o buraos en Gengma, Shuangjiang y Cangyuan; y avas o levas en Ximeng y Menglian. Después de la fundación de la Nueva China en 1949, se los denominó “etnia va”. Debido a su larga convivencia con la etnia dai, los vas de la prefectura de Ximeng han sido influenciados por este grupo en lo que atañe al canto, la danza, los instrumentos musicales y la arquitectura.
Los vas idolatran a una diversidad de dioses, de los cuales los más importantes son Muyiji y Ayi’e. El primero, creador de todas las cosas, dispone el destino de éstas. Para vivir en paz y tener cosecha abundante, los vas depositan ofrendas ante el dios Muyiji en la gran mayoría de las ceremonias y lo entretienen con canto y danza para pedirle amparo. El otro dios, Ayi’e, es el primer ancestro de los hombres y el dios del hogar, respetado por todos.
Las fiestas de los vas están ligadas con las ceremonias de homenaje. Toda vez que es el Año Nuevo o ceremonia, la gente se viste de gala, sacrifica cerdos y bueyes, prepara licor y cuece arroz glutinoso a vapor en señal de celebración. La actividad más animada transcurre en el duodécimo mes lunar (mes gerui según el calendario va), cuando se efectúa la ceremonia pomposa llamada “tirar del tronco de árbol”. En este acto los vas practican de comienzo a cabo la Danza con tambores de madera bajo la conducción del “moba”, sacerdote en su lengua. Interesa saber que en la ocasión el dios Muyiji desciende al mundo para aceptar el culto y la veneración de los seres humanos.
El tambor de madera es un objeto sagrado transmitido de generación y en generación y considerado origen de la etnia. Según una leyenda de los vas, un diluvio de principios de la génesis por poco se llevó las vidas en la tierra y el dios Muyiji salvó a los vas ubicándolos en un arca, de modo que ellos han podido proliferar hasta ahora. Desde entonces, los vas adoran el arca como madre de su etnia y le tributan los máximos respetos.
La Danza con tambores de madera consta de cuatro partes. En la primera el sacerdote canta cabalgando sobre un grueso tronco de árbol atado con cuerdas de mimbre y un grupo de hombres robustos lo jalan adelante gritando hasta la aldea. Esta parte clásica y vigorosa, llamada “tirar del tronco de árbol”, se ejecuta con pasos naturales y saturados del culto primitivo.
La segunda parte es “entrar en la habitación de tambores de madera”. Los bailarines imitan con detalle la confección de estos instrumentos. Al nacer los “tambores”, el sacerdote, sujetando una rama de árbol en la mano y avanzando en cuclillas abiertas, los conduce a pasar a la habitación con solemnidad.
En la tercera parte, “tocar los tambores”, que es la más apasionante y maravillosa, la danza alcanza el clímax. Con alta habilidad de tocar y bailar, los hombres reviven el acto con sacrificios, la ronda y la alarma con una serie de movimientos complicados. Para empezar, uno o dos hombres golpean los tambores y su ritmo y tono cambian conforme cambia el contenido de la danza. Cuando ésta llega al apogeo, se presentan otros tres o cuatro varones fornidos con palitos pintados en la mano, quienes mientras tocan los tambores saltan y giran en su rededor, llevando la atmósfera al como de la alegría. En un ambiente así, la gente divierte a su dios y se desea buena cosecha y buena cría de animales en el próximo año, satisfaciéndose al máximo en lo espiritual. “Venerar el tambor de madera” es la última parte de la danza, de estilo convencional, en la cual el lenguaje coreográfico es sencillo, pulcro y de índole ritual primitiva para idolatrar al gran dios Muyiji.